El siervo-audaz

Ante la víspera de un nuevo año pedimos a Dios que los días próximos reflejen el Salmo 90:12 atribuido a Moisés:  “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.”

La característica de ser siervo demanda un corazón apto para aprender.  En muchos casos es releer las Escrituras, reaprender, repensar, reformatear nuestra cosmovisión. Todo esto requiere un corazón sensible a Dios, con voluntad de aprender entre  muchas cosas,

Que la mujer contribuye mas de lo que antes pensábamos; Que los Hispanos pueden construir un corazón multicultural; Que como Hispanos no debemos controlar como fuimos controlados; Que debemos leer y entender la Biblia de manera que la iglesia nunca nos enseñó – promover el valor, y la aceptación de todas las personas, sin importar su religión, raza, etnia, género, edad , la capacidad, o cualquier otra categoría; Que no hay una forma correcta de leer la Biblia… Que Dios es celoso y quiere nuestro corazón.  Y tanto mas…

Estamos construyendo un puente que nos lleva de la dependencia eclesiástica de la cultura dominante a la independencia personal.  Pero para estar seguro de nuestro propósito, la idea de buscar la independencia no es para fugarnos del concilio, de la organización. No es desaparecer. No es salir y hacernos “independientes”. Eso no es lo que estoy marcando.

El concepto de ser independientes es un cambio personal que nos hace capaces para permanecer en el concilio, y al mismo tiempo no ser parte de su incongruencia … “estamos en el mundo pero no somos del mundo.”

En I de Corintios 5:10 Pablo no hace ver que es imposible evitar la realidad de un mundo caído. No hay ningún lugar donde podemos encontrar perfección… y si lo hay, al llegar cualquiera de nosotros, ya no sería perfecto.  No tenemos otra alternativa que enfrentar la realidad del contexto, de lo contrario “sería necesario salir del mundo.”   La orden es “Id por todo el mundo y predicad el evangelio…”. No es “huir del mundo!” El Salmo arriba citado integra el concepto traer “al corazón sabiduría.”

 Además de mostrar la característica personal de siervos, el puente a la independencia requiere pulir la segunda característica: Audacia; es decir, poder, confianza. Es el opuesto a la cobardía, el temor, timidez.  Es la realidad de II Timoteo 1:7: “ Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Esta audacia (poder) no es para manipular, controlar reuniones de negocios, o universalizar opiniones. Audacia no es arrogancia.

El líder cristiano maduro lucha para mantener el balance entre la ternura de servidumbre con la confianza que discierne correctamente las intenciones de Dios.  Nuestra motivación de servir sale de esa confianza profunda en la presencia de Dios.  La misma certeza nos motiva a ser lideres audaces- nos disciplinamos y buscamos ser instrumentos de Dios.  El señorío de Cristo requiere nuestra humildad. La justicia de Dios nutre nuestra franqueza.

El siervo-audaz respeta las opiniones de otros, sobretodo cuando son afectados por las decisiones hechas por ellos mismos.  El siervo-audaz es particularmente decisivo; es decir toma riesgos porque en ocasiones no puede esperar que todos los detalles sean analizados antes de actuar… este aspecto requiere aceptar equivocaciones sin destruir credibilidad.  Audacia, valor, confianza en el liderazgo cristiano esta explícitamente arraigado en la oración y en la espiritualidad.  La comunidad primitiva explica este sentir en Hechos 4:29-31:

“Y ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza, mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervoJesús. Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.”

La audacia esta relacionada con la proclamación del evangelio.  El valor para hablar responsablemente sobre el arrepentimiento y la redención esta en el corazón del líder cristiano, es el mismo valor requerido para decir la verdad con amor en todas las situaciones.  Se proclama con audacia, con valor, con la confianza que Dios genera en sus siervos.

Estas dos características, servicio y audacia, deben ser evidentes en las vidas de aquellos que buscan el puente de la dependencia a favor de la solidaridad multiétnica. No podemos movernos de la dependencia sin la honestidad de la audacia y la humildad de servicio.

¡Feliz Año Nuevo 2014!

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El Inicio de la Marcha

Al reconocer la impotencia de vivir bajo la era de la dependencia buscamos inmigrar a la era de la independencia.  Es un acto de voluntad propia que surge del compromiso con Aquél que nos llamó y murió por nosotros.  En muchas maneras volvemos a los conceptos básicos de lo que significa seguir a Jesús.

Recordemos que la independencia, es el modelo de la era del “yo:”  Estamos diciendo al Concilio y a todo el mundo que ya basta con la subsistencia. No queremos ser dependencia. Buscamos la voluntad de Dios y a El le servimos.  Lo que propongo no es nada fácil. El puente hacia la independencia exige determinación personal hacia un cambio de estilo de vida. No es simplemente seguir una fórmula de tres pasos y tener resultados mágicos. Es un cambio de actitud que requiere dos características personales y  cuatro relaciones dinámicas

La primer característica personal que nos lleva a la independencia es el reconocimiento de que somos siervos de Jesucristo. El concepto básico del término  siervo es esclavo; nombre que una persona se da a si mismo respeto de otra para mostrarle rendimiento.

Pero también resulta ser una palabra sospechosa por el mal uso que se le ha dado dentro de la Iglesia por la cultura dominante. Nuestra memoria no tiene dificultad de recordar que ser siervo, significaba limpiar los templos, ser jardineros, trabajar en la cocina, limpiar los pisos, cuidar la propiedad, hacer mandados y al fin del día, ser devaluados. Resulta en una expresión de vida bíblica explotada y usada en contra de las minorías como pretexto de marginalización por la era de la dependencia.

El mal uso del concepto de siervo no debe anular de nuestra parte un estudio cuidadoso del tema. No debemos permitir que los abusos nos prevengan de vivir como verdaderos siervos del Señor Jesucristo...

Una relectura del texto en Mateo 20:25-28. nos ayuda a entender la verdad acerca de lo que denota ser un servidor. Ser un siervo de Jesucristo significa servir antes de ser servido. De tal actitud brota el servicio al Pueblo de Dios y a toda la creación. Ser un siervo es el honor mas alto que una persona puede tener.

Consideremos que al ser siervos del Señor, nuestros intereses propios no son prioridad. Estamos confiados en la presencia de Dios en nuestras vidas, y por lo tanto servimos abiertamente y con amplia sinceridad, y no porque secretamente sospechamos que son superiores -como se hace en la era de dependencia. Buscando el favor de los poderosos institucionales y olvidando al Todopoderoso, creador del Universo.

El siervo de Dios se desvela sin pensar en reputación, status, ganancia, o egoísmo, porque el gran Dios del Universo es su Amigo personal.  Los líderes siervos están seguros cómo sirven, porque saben el intento del Maestro.  Esta seguridad en el Maestro sostiene alta producción de servicio. Son siervos conocidos porque invierten inteligentemente en personas y tareas que traen gloria al Señor.

Si acaso existe un interés personal en el siervo, se encuentra en la recompensa de la obediencia y la satisfacción de congruencia personal.

Los sacrificios del siervo son extremadamente efectivos. Consideremos que ningún acto en la historia parecía más débil que Jesús muriendo en la Cruz. Pero fue el acto de los mayores dividendos.

Tenemos que repensar nuestros intereses personales versus los intereses de Dios en nuestra vida: ¿Qué quiere Dios de mi para otros?

Dos textos bíblicos caracterizan y fortalecen nuestra marcha imperativa hacia la independencia.  El primero, “Pero de ninguna cosa hago caso…”. Pablo no le da atención al costo de hacer la voluntad de Dios en su vida sabiendo la persecución que enfrentaría en Jerusalén. No le hace caso a ninguna cosa- solo tiene el compromiso de acabar el ministerio que recibió del Señor Jesús. (Hechos 20:23-25).

Segundo, Pablo en Filipenses 3:12-14: “… Pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante…” Pablo reconoce que no es saludable vivir en el pasado. Declara que no va a perder el tiempo “reviviendo” el ayer. Muy por el contrario, Pablo dice que lo mejor esta por delante.

Entonces, debemos cultivar servidumbre al iniciar la marcha hacia la era de la independencia. Ser como Cristo es ser siervo.  Es la primera condición a favor de una vida que es independiente de la cultura dominante y sus atroces consecuencias.  Servir a Dios- ¿habrá algo mayor?

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El modelo que informa nuestra vida

Hasta este momento hemos observado el contexto de aquellos que viven bajo la influencia y el dominio de la dependencia.  Mientras estemos en la era de la dependencia jamás seremos nuestras propias personas. Jamás lograremos ser lo que Dios ha puesto en nuestro corazón. Porque muy adentro de cada uno de nosotros anhelamos ser todo para Dios. Al descubrir los dilemas eclesiásticos y contradictorios que batallan contra los principios básicos de conciencia y aún de nuestra conversión, nos cuesta superarlos, porque el problema es como vemos el problema.

La realidad es que todos los contextos humanos (como los Concilios) tienen un alto grado de disfuncionalidad. Y si fuéramos a investigar los contextos bíblicos donde Dios actuó en forma extraordinaria, sería en medio de la adversidad.  La acción de Dios se desplazó a través de seres mortales, imperfectos, y muchas veces en terrible agonía (Hebreos 11). Cada uno sirvió a Dios en circunstancias adversas y altamente contradictorias. Sin embargo, tenían una característica muy especial: no eran dependientes de las estructuras que los rodeaba. Actuaban independientemente con Dios, no con los hombres.

La respuesta a la dependencia es la independencia. En el contexto Hispano eclesiástico del Coloso del Norte, la independencia puede tener varias definiciones por parte de pastores que han tenido diferentes experiencias. Por ejemplo,  hay muchos pastores y líderes importantes que están reaccionando a las injusticias. Buscan la revancha en la independencia como producto de rencor, ruptura, revolución, agresividad, resentimiento, enojo. Se separan del Concilio y se hacen «independientes» y terminan en libertinaje.  Esa no es la independencia que debemos buscar porque su fin es una mala imitación de lo que pretendemos huir. Esta actitud solo nos elimina de la misión de Dios al mundo.

Otro grupo de pastores buscan la independencia de esos poderes que han limitado y hasta han saboteado, si acaso es posible, el plan de Dios para sus vidas. Romanos 8:28 afirma tanto la superintendencia de Dios en los asuntos rutinarios y extraordinarios que enfrentan al hombre: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es para los que son llamados conforme a su propósito.”

Todos los eventos en nuestra vida están al tanto de Dios, pero no debemos olvidar que el texto es una promesa condicional: Tenemos que amar a Dios.  Si amamos al hombre y sus instituciones más que a Dios, no podemos afirmar con certeza que todas las cosas cooperan para bien.

Nuestra responsabilidad es amar a Dios con altura:  “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27).

Nuestro amor a Dios nos da nuevas vistas, nuevos horizontes, nuevas conductas, nuevas oportunidades. Tenemos que respirar aire puro que nos habilite a crear nuevos modelos de vida, de ministerio, de existencia.  Cuando no amamos a Dios permanecemos en la era de dependencia humana. El modelo que nutrimos es el modelo que informa nuestra vida.

La literatura sugiere varios conceptos aplicables al desarrollo de nuestra vida ministerial:

1) La dependencia es el modelo de la era del “tu”.  Estamos diciendo al Concilio:  -Tú cuidas de mi, tú haces o no haces lo que debes hacer por mi, yo te culpo por los resultados.  Trata con subsistencia.

2) La independencia, es el modelo de la era del “yo:”  Estamos diciendo al Concilio: -Yo puedo hacerlo, yo soy responsable, yo me basto a mi mismo, yo puedo elegir.”  Este modelo acompaña el grito victorioso de un preso político-religioso: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. 

Entonces, ¿Cuál modelo informa mi vida?

En la próxima empuñamos la transición de la dependencia a la independencia. Este paso tan crucial insiste el desarrollo de dos características personales y cuatro relaciones dinámicas.  Y están en la Biblia…

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El efecto de todo

El efecto económico y psicológico de la subordinación, mediación, marginalidad y nominalidad es la subsistencia.

En su concepto sociocultural, subsistir es sobrevivir, es arreglárselas, es sostener una mera existencia. No es de crecer, prosperar, desarrollar… El efecto neto de la dependencia resulta en que las personas en dicho constante tienen una vida miserable con poca esperanza de una vida mejor.  Son los ocupantes de las villas miseria, son los que están desahuciados por la sociedad, son los condenados al abandono.

La subsistencia como concepto eclesial, es el premio otorgado a muchos Hispanos explotados. Jamás logran superar la vida institucional. Le pronunciaron la sentencia de cadena perpetua a la mediocridad, pobreza moral  y abandono de ideales.  La vida espiritual deja de tener el brillo; y la expectativa de días mejores se opacan.

Hace unos años, charlando con un líder Hispano me comentaba sobre sus largos años de trabajo a favor del pueblo Hispano y como había sido maltratado. ¡Ni siquiera sabía quién era y si acaso vivía en el “guión”! (hispanoamericano). Me contó como había vendido su primogenitura. Me contó como había traicionado al pueblo que pretendía servir. Me contó como el angloamericano le reclamaba resultados imposibles de alcanzar. Me dijo:

“Cometí alta traición. Busqué mi bien personal y lo perdí todo. Sin darme cuenta, me suicide. Creí ser útil, pero me equivoque. No me di cuenta que la dependencia lleva a la co-dependencia. Ellos me buscan y yo los encuentro y juntos vivimos una vida frustrada, un circulo vicioso que nos leva a la nada. Me vendí, y ellos me compraron. Ahora vivo en una desilusión con mi vida y con la iglesia…” .

Su crisis fue fatal. La frescura y el ánimo de servir al Señor eran cosa de una historia olvidada.  Estaba listo para presentarse como “un cínico.” Estaba saturado de la raíz de amargura de la cual la Escritura nos advierte evitar (Hebreos 12:15).

La subsistencia espiritual es una realidad que nadie puede escapar. Si vivimos en la era de la dependencia, la sentencia es inescapable.  Lo que sembramos cosechamos.

Resumen
Las varias características de la época de la dependencia se pueden resumir de la siguiente manera:

La subordinación: oprime. La mediación: ahoga. La marginalidad: segrega. La nominalidad: recluye.  La subsistencia es el precio que pagan las víctimas.

Nótese que estas ecuaciones no se disocian a los poderosos de las personas minoritarias. Son los métodos con intereses propios de los poderes para gestionar la asociación. Todas estas dinámicas producen eficázmente la dependencia.

Sin embargo, estamos ante un nuevo horizonte de oportunidades. Los líderes cristianos de la generación emergente deben decidir la forma de introducir los valores del Reino dentro de su contexto inmediato.  En los próximos 20 años enfrentaremos en forma magistral una transición, es decir, el pase de la era de la dependencia como un hecho irreversible.

Ya basta de tomar aspirinas, buscar ungüentos que no curan, respuestas a preguntas que nadie esta haciendo. Tenemos que solucionar la distorsión de la dependencia. Resolver problemas crónicos y centrarnos en los principios que traen resultados de largo plazo.

¿Cómo salir de la dependencia? De eso en la próxima.

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Aislados

Hemos dicho que dentro de la complejidad de la dependencia existen varias características: la subordinación, primera característica que nos coloca debajo de otros. La segunda es mediación, que nos coloca entre el potencial y otros.  La tercera es marginalidad, que nos coloca afuera por “ser diferentes”.

Y la cuarta y final característica es nominalidad.  Es la dimensión que aísla a las personas en la vida institucional.

El color de la piel siempre se observa en las situaciones multiétnicas.  El hecho que Jesús murió y redimió a cada individuo de toda raza y nación no quita el hecho de reconocer estas diferencias natas. Nuestra responsabilidad es de entender y responder a nuestras diferencias étnicas apropiadamente.

La dependencia frecuentemente a nominalizado el liderazgo étnico.  Cuando uno es diferente de los demás en una organización la contribución que pudiera aportar está limitada.  Este atributo afirma la intolerable acción que reduce el potencial de las minorías, aislándolas de las oportunidades de servicio “full” dentro de la institución.

Una dimensión de incalculable valor institucional es el líder bicultural. El desarrollo de este potencial de recursos humanos, de poder vivir y de interpretar dos mundos simultáneamente, constituye para el Hispano una oportunidad y un riesgo.  Llegar a ser bicultural implica décadas de tránsito en dos culturas. Es muchísimo más que saber dos idiomas.  Es más que ser turista. Se trata de otra cosa. Es la habilidad de vivir en dos mundos. Tener la facultad de ver dos motivos en una acción. Poder captar, razonar, y vivir la experiencia en dos culturas en forma específica y ajustarlo al momento y lugar donde uno está con precisión e integridad. Es mas que un logro, es un don de Dios.  Pero la cultura dominante no entenderá nunca esta dimensión espiritual del bicultural.  La confunde con algún tipo de esquizofrenia, con un desperfecto, un desvío racional.   Para ellos el Hispano debería seleccionar los valores y las pautas angloamericanas y abandonar las otras avenidas de expresión intensa y emocional aunque vengan del corazón natal.

El papel que juegan los lideres minoritarios dentro de las instituciones angloamericanas es mínimo.  Aún cuando es seleccionado por el angloamericano para ser parte “del equipo de trabajo que va a cambiar el mundo para Cristo.”  Cuando se reporta como parte del equipo, el líder bicultural cultiva dos frustraciones nuevas, que tipifican la nominalidad:

La primera frustración es que descubre que es un supuesto líder “étnico” en un ambiento “no-étnico” -porque los angloamericanos no se consideran “étnicos”. El Hispano es un representante de su propio grupo étnico. No es un ser humano con opiniones y conceptos propios.  Es percibido como un símbolo; es decir, es una bandera, no una persona. Lo que dice, como lo dice, y cuando lo dice o no dice nada, representa a su minoría.  Mientras que entre los angloamericanos cada opinión pertenece al ser humano que la dio.  El bicultural lo percibe, lo procesa, y aunque lo considera una necedad no tiene opción mas que reír internamente.  ¡Es un escándalo!

La segunda frustración trata con la dinámica de su propia cultura Hispana. Los lideres étnicos que son parte “del equipo de trabajo que va a cambiar el mundo para Cristo,” corren el riesgo de perder su efectividad al ser cuestionados por su propia base minoritaria.  Asuntos de compromiso, asimilación y fidelidad a la cultura Hispana pueden plantearse. Y digamos la verdad, que muchas veces la envidia tiene que ver: Admitimos que hay problemas con los angloamericanos, pero también en la comunidad Hispana hay más problemas, como el nacionalismo, las ideas generacionales, competencia, y demás.

El permiso de liderar dentro de nuestra propia comunidad Hispana es sagrado.  Y el líder dentro de la característica de la nominalidad tendrá que aprender a balancear las tensiones que ocurren cuando se vive en contextos diferentes simultáneamente.

La esencia de la nominalidad es el aislamiento en dos polos: 1)  la separación a causa de la etnicidad dentro del contexto angloamericano; 2) el problema de ser desertado por su propio conjunto minoritario.  Los días de la dependencia se basan en esa reclusión numérica.

Todo esto tiene su fin.

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“…nubes sin agua…”

Primero algebra y después los cálculos… en ese orden estoy deletreando un proceso que nos llevará a puerto seguro sobre como responder a las realidades de las organizaciones que emplean la mentalidad de la dependencia institucional.  Jesús los expone como son los “gobernantes de los gentiles” en Mateo 20:25. En realidad que Jesús describe una mentalidad compatible con la Era Industrial que trataba a los seres humanos como objetos a controlar.

La primera característica de la dependencia institucional fue subordinación, acción que nos coloca debajo de otros.   La segunda, mediación, que nos coloca entre el potencial y otros.

Hoy, la tercera, marginalidad, es la característica que nos coloca fuera de la corriente principal de la sociedad y autoridad institucional.

Las diferencias que nos empujan a los márgenes de las instituciones religiosas son múltiples: género, idioma, nacionalidad, limitaciones físicas y/o psicológicas, edad, economía, nivel educacional, competencia, rivalidad, y tantas otras dimensiones. que enfrentamos dentro del Cuerpo de Cristo.

Es una realidad que los marginados están aislados, mas bien exiliados de participar libremente en su mundo.  La marginalidad  se traduce como una situación de inferioridad. Está apartado del trato por otros.  De alguna manera se nos atribuye algún defecto.

En el Coloso del Norte, si uno nace con tez blanca, por lo general no observa o nota la dinámica de la marginalidad. Pero para las minorías, la marginalidad es una experiencia cotidiana, muy común. Provoca dependencia en los poderosos, en los centros de poder económico y de vida institucional.

En el gobierno, por ejemplo, la marginalidad se puede expresar en la proposición de ayuda económica. Los que reciben ayuda no se dan cuenta que es un sistema que oculta una misión: “Le proporcionamos ayuda social y así se quedan allá, juntos y entre ellos, lejos de nosotros.”  No es una ayuda que los rescata de su situación. Muy por el contrario, los cimienta para que el avance económico sea mucho mas difícil.

En la dinámica ministerial que entretiene a los Concilios, los ejemplos de marginalidad son mas astutos.  Doy dos ejemplos:

1) Nos piden que participemos en una actividad después que ya fue planeada porque nuestra opinión no era importante entre los de tez blanca. Cuando uno es marginado no esta en el centro de la acción, es un visitante común que “adorna el contorno como un florero”- Unos cantan coritos en Español, otros en Mandarín, otros en Coreano!  Gloria a Dios.  Es una realidad que una vez marginados uno está socialmente aislado de la cultura dominante, en una situación inferior, apartado de un trato socio-ministerial. Por alguna razón se nos atribuye algún defecto.

2) Este fenómeno de marginalidad ocurre continuamente al punto que uno ya no quiere ir a las reuniones del Concilio. Solo es ir y escucharlos hablar, pedir, y exigir.  Nos dejan hablar, nos piden opinión, nos dicen que somos importantes. Que nuestra contribución es valiosísima.

Entonces, sin maldad y puramente inocente, uno que recién llego a nuestras riveras, habla. Otro discute. Otro ora.   Nos vamos a casa sabiendo que hemos hecho una diferencia… pero al fin de todo, la opinión que uno dio, lo que otro habló, y la oración fervorosa y sincera de todos los santos ministros reunidos- nunca cuenta.

Estamos fuera del circulo de influencia. En síntesis, marginados: Culturalmente, económicamente, socialmente y políticamente.  Nos damos cuenta que al fin y al cabo las reuniones solo tienen un objetivo: identificar donde están (¡o quienes son!) los problemas.

Al fin nos cansamos y ya no vamos a esas reuniones que nos recuerdan de la Epístola de San Judas: “…son nubes sin agua llevadas por los vientos…” versículo 12.  Entonces, los atrevidos que nos marginan nos retan:  ¡Si solo vinieran a las reuniones podrían participar y cambiar el rumbo de la historia!

¡La ironía de la vida ministerial de los marginados!

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“Guisado de Lentejas”

NOTA: Muchas gracias por los comentarios, principalmente las llamadas telefónicas y las charlas en la universidad…

Continúanos entonces:

La segunda característica de la dependencia es la mediación.  Trata con la idea de posicionar a ciertas personas entre otras personas.

La dinámica de la mediación tiene que ver con el posicionamiento de tomadores de decisiones entre la gente y lo que estas personas necesitan para vivir en libertad y dignidad.  El termino cabe a la función de referí, de intermediario. Una de las preocupaciones principales de la Reforma Protestante era prevenir a los sacerdotes que actuaran como mediadores entre Dios y los hombres.  Los sacerdotes reclamaban el papel de intermediarios, cuando la Biblia enseña claramente que la Cruz de Cristo nos da acceso directo a Dios por medio del Unico Mediador, Jesucristo.   Por mediación nos referimos a personas entrometidas que deciden por otros.

Históricamente los que desarrollaron la base de conocimiento, el saber, causaron la aceleración de viajes intercontinentales, comunicaciones, importación, exportación, relaciones internacionales y más.  Estos desarrollos de evolución expansiva, por lo general han sido acompañados por tácticas que han limitado el acceso a ésta base de conocimiento. Se usan términos como “the good ole boys club” para expresar los arreglos sociológicos que excluyen a las minorías del saber.

Son unos pocos que controlan acceso al conocimiento de cómo funciona el Concilio. Son unos pocos que controlan las relaciones, con quién se debe relacionar… Son unos pocos que saben los recursos disponibles.  En otras palabras nos “bloquean” acceso al conocimiento y dinámica de función del mismo Concilio.

El Hispano quiere navegar dentro del Concilio… tiene proyectos locales, necesita dirección, se siente frustrado por falta de atención.  Trata de ver cómo; trata de hablar con “alguien” pero no se encuentra. La información siempre es vaga, distante, y frustrante.  La tragedia se multiplica: aunque la política pertenece a la era de la dependencia, los mediadores no siempre son angloamericanos.

Y este es un fenómeno que tendremos que prestar atención mas detenida en otro momento. Pero vale la pena citar aquí, que la realidad de nuestro pueblo Hispano.  En ciertas ocasiones tiende a tratar de mediar entre un Hispano y otro, y ante la cultura angloamericana. La cultura dominante siempre busca aquellos que puede usar para sus propios fines.

¡Cuanta tragedia encierra el Hispano que traiciona su cultura por un “guisado de lentejas” (Génesis 25:34)!  Recomiendo a todos a que vean “El Norte.” Una película que muestra como el Hispano explota al Hispano. Véala.

Años atrás, estudiando mi Maestría en el Seminario, en una clase de Antropología Cultural, se explicaba el fenómeno de la cultura dominante y la conspiración para controalr. En todas la culturas ttenemos el síndrome del «guisado»: “Los afroamericanos los llaman “oreos,” negros por fuera, blancos por dentro. Los asiáticos, “bananas,” amarillos por fuera, blancos por dentro. Los indios americanos, “manzanas,” rojo por fuera, blancos por dentro.  Los hispanos, “cocos,” café por fuera, blancos por dentro.”

Son personas que se acomodan a la cultura dominante. Pero que se sepa en forma categórica, que angloamericano los usa sin piedad, pero no los respeta en privado. Públicamente son “grandes líderes” y salen en los boletines y las publicaciones principales.  Fotos a todo color.  Son los que siempre nos predican, nos instruyen, nos retan, nos dicen lo que podemos y no podemos hacer, los que prometen hablar y gestionar nuestra causa… Son nuestros “representantes,”  nuestros mediadores.   Cumplen con las ordenes del Concilio y nos mantienen a distancia de las posibilidades.  Y la culpa siempre es «del gringo.»

Pero en el momento que han cumplido su propósito, son remplazados por los angloamericanos. Y eventualmente quedan desechados por ambas culturas. En otras palabras, están neutralizados. Ese era el plan inicial del guisado…

Un perfil muy específico de la dependencia es la característica de la mediación.  El liderazgo autóctono es inhibido cuando unos pocos conspiran controlar el acceso de los recursos, conocimientos y personas- que son necesarias para el desarrollo y potencial personal y comunitario.

Estamos en la inevitable experiencia del desierto.

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Juntando experiencias…

Ayer, 10 de noviembre, fue el cumpleaños de José Hernández (Martin Fierro). Cumplió 179 años.   No fue parte de un Concilio, pero si nos dejó un refrán muy importante para nosotros que estamos en un Concilio:

  Junta experiencia en la vida, hasta para dar y prestar, quien la tiene que pasar entre sufrimiento y llanto, porque nada enseña tanto, como el sufrir y el llorar.”  José Hernández

“Junta experiencia en la vida…”  Las experiencias existenciales dentro de una corporación, es decir, dentro del Concilio, son reales.  Cada Concilio ofrece dinámicas de asociaciones políticas que se desplazan en la línea de tiempo.  Estas experiencias de carácter político lo marcan para toda la vida.

Es de importancia imperativa entender que la experiencia vino junto con la estructura que la permitió. La política del Concilio es inevitable.  En esa línea vivencial de tiempo se observan acciones que ocurren. Como minoría, se ven las promesas que no se cumplen, las injusticias, y la discriminación “sin barrera”.  Por mas que se trata, los Concilios están faltos porque están compuestos por entidades humanas. Son actos políticos que imperan en el registro de los acontecimientos humanos en la historia.  La política es inevitable en la humanidad.  De la labor y la necesidad de tener la política correcta dice el famosos comentarista, autor y ganador del premio Pulitzer, Charles Krauthammer:

“No podía haber mayor ironía: Para todos lo sublime del arte, la física, la música, las matemáticas y otras manifestaciones del genio humano, todo depende de la mundana y frustrante vocación, a menudo degradado, conocida como la política (y su más exigente subespecialidad, el arte de gobernar). Porque si no conseguimos la política correcta, todo lo demás corre el riesgo de extinción.

Crecemos, justificadamente, cansados ​​de nuestra política. Pero tenemos que recordar esto: La política-en todas sus sucias, corruptas y despreciables manifestaciones-es soberana en los asuntos humanos. Todo recae en última instancia sobre ella. Justo o no, la política es el motor de la historia[1]

Identificar la política correcta a base de nuestras experiencias dentro de un Concilio es nuestro desafío a favor de una solidaridad  multicultural.

Por la tanto, este escrito identificará tres experiencias políticas centrales que permite opciones a favor de un movimiento hacia una experiencia superior a la previa. Salir de una experiencia política a la otra requiere acción personal. No se logra por coincidencia o accidente. En realidad se puede tanto avanzar como retroceder vivencialmente por un acto de voluntad propia.  Comenzamos con aquellos que viven dentro de la política de la voz y la influencia del Concilio.  Estamos en la primer experiencia: La dependencia.

La primera experiencia en el tronco histórico de nuestra peregrinación es nuestro espíritu de dependencia.  La misma contiene características que nos ubica poderosamente en la línea de tiempo. Jesucristo exhorta a los dirigentes como deben de ejercer autoridad:

Pero Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo…”. Mateo 20:25-27.

¿Enseñorearse?” “¿Ejercer autoridad?” ¿No ha de ser así entre vosotros ?  Un corto viaje en la historia personal del Hispano, nos ayuda identificar y a entender las realidades y experiencias vivenciales dentro del Concilio.

Consideremos la primera característica de la dependencia: la subordinación. Es un tema vasto, pero muy real y completo que explica la jerarquía eclesiástica, esos acuerdos de los que ejercen una política de poder sobre los demás. Dicha subordinación es, por lo general, racista como con las relaciones entre los «native americans,»  el drama de la esclavitud, los campos de concentración para los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, los Braceros…

Hay muchas maneras de observar la subordinación en nuestro contexto hispano-angloamericano, ese mando o dominio de otros dentro de la iglesia a causa del Concilio. Pienso en la mujer que se le limita de su participación por “deficiencias” psicológicas y exegéticas. Pienso en ese prejuicio casi “invisible” para los que el inglés es su segundo idioma. Los gestos molestos cuando ven una tez de color diferente… Y me da hasta dolor de cabeza ver cada día las limitaciones de liderazgo para los mayores de edad “no blancos.”

Y así viven muchos Hispanos y tantas minorías.  Es un ambiente enfermizo de control cultural. Otra vez, la cultura dominante, domina.

No importa que las raíces de la subordinación están en la Caída del Hombre cuando nuevas dinámicas de poder surgieron ente Adán y Eva, entre Abel y Caín…  Subordinación es una característica central del Concilio que crea y sostiene la política de la dependencia. Para los Hispanos que están sujetos bajo la experiencia de la dependencia; el Concilio les dicta la vida ejerciendo poder sobre ellos.  No importa que es contrario a todo lo que Jesús modeló.

Y es reprensible.

«Junta experiencia en la vida…».

Hay más- en la próxima sigo pintando el cuadro,

Me gustaría saber que piensas.


[1] Krauthammer, Charles. Things that Matter. Three Decades of Passions, Pleasures and Politics. Crown Publishing Group. Kindle Edition. Random House, NY, 2013, Kindle Locations 1769-1771. (Traducción del autor).

Crisis en el Concilio: Enfrentado la Realidad

En el transcurso de nuestra vida el mundo se a hecho mas pequeño y con realidades mas complejas. Nuestro futuro llega cada día mas rápido, lleno de latidos desconcertantes, mesclado de personas de diferente tez, culturas y lenguajes, rivales de la Torre de Babel. Estamos ante un momento espeluznante en la historia.

No hace mucho tiempo atrás que el angloamericano construyó el primer mundo. Un mundo con una cosmovisión mono-cultural. Para su construcción, fueron usadas las minorías del país, incluso la mujer angloamericana.  Todo un drama, con múltiples actos de extremos económicos, culturales, políticos y religiosos.

Para aquellos que continúan en la cultura dominante, les cuesta admitir que los días han cambiado y que el Coloso del Norte esta cosechando lo que sembró.  La realidad es que éste país no es mas “el invencible”. Desde 9/11 la vulnerabilidad dejó de ser una sospecha.  El respeto, auge y la admiración del resto del mundo hacia este punto geográfico ha cambiado. Lo mismo esta pasando internamente.

La vida dentro del país y por consiguiente, en los Concilios, está en medio de un cambio demográfico y cultural irreversible. Pero cuesta entender. El angloamericano se ve totalmente amenazado y ofuscado por una invasión de personas que antes eran el objeto de la evangelización misionera.

Recuerdo un pastor que trataba de entender la actitud de su Concilio… Me decía, en alta voz y excitado:

“Yo no entiendo a mis dirigentes: Mientras yo estaba en tierra distante, los angloamericanos hacían hasta lo imposible enviando personal y finanzas. Pero ahora que estamos aquí nos desconfian.  Son capaces de recaudar grandes sumas de dinero para un país del tercer mundo y al mismo tiempo negar lo básico a una congregación del tercer mundo que esta radicada en el país del angloamericano.”

Pero a esta queja extemporánea le faltaba un dato clave: “Control”.  Por lo general, y con muy pocas excepciones, el misionero llega a nuestra tierra para ser nuestros jefes. Como dice la regla de oro: el que pone el oro pone la regla. Y ahora que estamos aquí, en su país, si queremos algo, bueno, siguen siendo nuestros jefes.  Estamos en las mismas. Pero con una diferencia que en futuras semanas explicaré.

Este contínuo conflicto genera desconfianza. La misma es la base de los problemas multicultirales, muy penosos que se han desarrollado en nuestra comunidad Hispana por ya casi un siglo.  Por un lado el angloamericano se desborda por la ‘evangelización de nuestros pueblos” – siempre bajo su control. Por el otro lado, niegan lo básico que el Concilio puede hacer a favor de la “evangelización de nuestro pueblo” cuando no están en control. 

Y esta es la realidad.

Tenemos que enfrentarla. Como líderes es nuestra primera responsabilidad. Abordar y exponer los temas “de las vacas sagradas.” Interpretar las malas noticias y las alternativas.  Apuntar los temas que están en el corazón y la mente de todos los ministros que forman parte de tantos Concilios. Tenemos que admitir que las condiciones presentes no están claras para ambas culturas.  Algunos dicen que hay orar mas. Otros nos retan a ser mucho mas sumisos. El lema de otros es “live and let live”… tratan de simplemente ignorarlo todo.

Es un escandalo ignorar la realidad.

Como líderes en la Iglesia y como Hispanos en el Coloso del Norte, tenemos una oportunidad singular: Podemos optar en proveer visión, valores y el impulso de reconciliación.  Al grado que queremos ser fieles seguidores del Señor estaremos preparados para encarnar los sufrimientos y rasgos que están en el corazón del evangelio. Pero para eso tenemos que saber pensar.

En las próximas semanas le propongo una serie de cuestiones de relaciones humanas, es decir, realidades, que he logrado identificar dentro de los Concilios. Quiero proponerles el concepto de la solidaridad multiétnica.

A riesgo de ser mal entendido les recuerdo un refrán muy nuestro : “la verdad no peca, sino incomoda.”

Me gustaría saber que piensas.

 

Crisis en el Concilio

Regreso a escribir con algunas preocupaciones confirmadas.  No quería escribir sobre el tema, pero en realidad debo hacerlo.

Primero, porque no veo que otro esté escribiendo sobre el tema desde una perspectiva eclesiástica, académica y práctica. Puede ser que mi alcance de quién está o no está escribiendo sea limitado, pero igual, busco y no aparecen las letras.

Segundo, porque es un tema que escucho frecuentemente y por diferentes personas en el ministerio- Hispanos, Afroamericanos, Coreanos y también Angloamericanos.  Este asunto está fuerte en todos los continentes.

Y en tercer lugar, escribo por mi propia salud mental, lograr un catarsis y continuar con mi vida…  Quizás lo mas importante.

Como sea, en estas próximas semanas esbozaré el tema frustrante que los ministros y líderes en la iglesia han expresado a grito tendido. En síntesis aquí esta la queja pastoral que se oye continuamente:

“Estoy viviendo en una crisis existencial dentro mi concilio. Me cuesta creerles…  Dicen querer ser transparentes, pero sus palabras no concuerdan con sus acciones… Me siento engañado. Me cuesta confiar en el concilio por las experiencias del pasado: me han prometido lo que nunca ha cumplido… tengo mis sospechas que nunca cambiaran… ¿Será porque soy Hispano?… ¿Qué hacer?”

La falta de confianza en nuestro liderazgo es atroz. Es una realidad que en el momento en que existen sospechas sobre las motivaciones de una persona u organización, todo lo que hacen queda contaminado. Es como decir “No tengo confianza en mi cónyuge.” Esto es serio.  Miqueas nos da un panorama esquizofrénico: “No os fiéis del vecino, ni confíes en el amigo. De la esposa en tu seno, guarda tus labios”  (7:5).

La Biblia, que no miente acerca de sus protagonistas, nos indica que la desconfianza es también común en la Escritura. Por ejemplo: Los hermanos de José desconfiaron de él (Génesis 50:15-17); Jacob desconfió de Esaú (Génesis 32:6-8); Sehón desconfiaba de Israel (Jueces 11:19-20) y Pablo desconfió de Juan Marcos (Hechos 15:37-38).

La desconfianza resulta ser muy cara. La desconfianza sube el “costo” del trabajo ministerial…

Sin embargo, la desconfianza es justificada en la Escritura algunas veces: El Salmo 118:8 dice: “Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre.”  También,  Salmo 44:6 “Porque yo no confiaré en mi arco ni me salvará mi espada.”  Y también: “No confiéis en príncipes ni en el hijo del hombre en quien no hay salvación” (Salmo 146:3).

Posiblemente el error es que hemos depositado nuestra confianza inapropiadamente en los hombres. Al pertenecer a una organización y depositar  nuestra total confianza corremos el riesgo de que nos defrauden porque esta constituido por seres falibles.

Recuerdo años atrás, cuando me espanté al darme cuenta que mis superiores no eran superiores; ¡aún peor! Me di cuenta que en muchos aspectos eran mis inferiores.

Sin querer yo los vi sobre un pedestal, mas cerca de Dios… Y estos influían con poder en decisiones económicas y estructurales que parecían ¡invencibles!  Fue muy difícil darme cuenta que sin querer, yo estaba confiando en ellos como que si fueran los que movían la mano de Dios.  Y cuando me preocupaba de las decisiones o la política empleada me hacían recordar que rebelarse contra los líderes elegidos de Dios, estaría desafiando a Dios mismo.

Pero yo no estaba rebelándome contra Dios… Quería saber porque actuaban mis lideres en diferentes maneras…  Hasta la fecha no han dado respuesta adecuada.  Insisten en que  no debemos cuestionarlos… “Después de todo,” me dijo un dirigente, “nosotros sabemos mejor porque vemos mejor…  debes confiar y ver que tenemos razón… cuidado con amargarte…”.

Han pasado muchos años y todavía sigue igual.  No se explican, hacen lo que quieren, dicen que ven mejor, que les confiemos y que no nos amarguemos, y el mundo sigue dando vuelta como si nada.

Uno entonces debe tomar ciertas decisiones en su vida ministerial, estableciendo un orden en las relaciones con el liderazgo donde Dios nos ha colocado.  Y de eso nos ocuparemos en las próximas semanas…

Me gustaría saber que piensas…