Crónica de un Enfermo

Me llamo Luis Alberto. Es un nombre ficticio. Tengo 48 años, vivo en California. No quiero que se sepa quien soy en realidad. Pido acceso a vuestras oraciones por este medio anónimo que llega al portal de su saber por medio del Dr. Zone en Ambos Mundos. 

Día primero: Pre-afligido.

Luis Alberto: Mi condición como ser humano es difícil. En un momento estaba bien y de repente, sin causa directa, sin comerla ni beberla me amenaza una enfermedad con la que yo no tenía nada que ver. Me cuidaba con ejercicio, dieta, descanso, pasatiempos: cuidaba el Templo de la mejor manera posible puliendo cada piedra y lavando todas las paredes y limpiando todas las ventanas de mi alma.

Y en un momento repentino, pese a las décadas de cuidado y de salud, el solo pensar de esa enfermedad sin pretensiones, me amenaza, machaca todo, derroca todo, derriba todo. Inmerecido, si consideramos solo el desorden que nos convoca, nos atrapa, nos posee, nos destruye el futuro en un instante.

¡Es la miserable condición del hombre! Que no fue impreso por Dios, quien, como él mismo es inmortal, puso un rayo de luz e inmortalidad en nosotros, pero lo apagamos con nuestro primer pecado; nos robamos escuchando las falsas riquezas y nos enamoramos escuchando los falsos conocimientos de invisibilidad.

De modo que ahora, no solo morimos, sino que morimos en el estante de productividad y pasividad, morimos por el tormento de la enfermedad; ni eso solo, sino que estamos pre-afligidos, súper afligidos con celos, sospechas y aprehensiones de enfermedad, antes de que podamos llamarlo una enfermedad: no estamos seguros de estar enfermos; una mano pregunta a la otra por el pulso, y nuestro ojo pregunta si viviremos.

Hoy desperté con temperatura y tos aguda, alto palpitar, traumado.

Soy  un mundo para mi mismo, por lo tanto tengo suficiente, no solo para destruir y ejecutarme a sí mismo, pero para anunciar esa ejecución sobre mi mismo; para ayudar a la enfermedad, para anteponerse a la enfermedad, para hacerla más irremediable por tristes aprehensiones y, como si fuera a encender el fuego, más vehemente al rociar agua sobre las brasas, para envolver una fiebre caliente en la melancolía fría, no sea que la fiebre por sí sola no se destruya lo suficientemente rápido sin esta contribución, ni perfeccione el trabajo (que es la destrucción), excepto que nos unimos a una enfermedad artificial de nuestra propia melancolía, a nuestra fiebre natural y no natural. ¡Enigma y miserable condición! ¡Detesto mi vulnerabilidad!

Oración: Perdóname Señor. Has impreso un pulso en nuestra alma, pero no lo examinamos; una voz en nuestra conciencia, pero no la escuchamos. Lo hablamos, lo bromeamos, lo bebemos, lo dormimos; y cuando nos despertamos, no decimos con Jacob: Seguramente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía. Pero, aunque podamos saberlo, no lo hacemos, no lo haremos. Estoy apasionadamente arrepentido… quiero darle lugar a Dios.  En Tu Nombre, ¡Amen…!

5 respuestas a «Crónica de un Enfermo»

  1. Simplemente, se siente una ANGUSTIA INTERNA, O UNA TRISTEZA, Y A LA VEZ , UNA PAZ ! Pero se, QUE EN MI CORAZÓN ESTA NOMAS UN TESTAMENTO EL ANTIGUO, O EL NUVO, Y LO ESTAMOS VIVIENDO, EN ESTOS MOMENTOS ! PERO, NOS QUEDA EL CORAZÓN DE NUESTRO DIOS, QUE LA ESPERANZA POR LA MISERICORDIA ! UNIDOS EN UN SOLO CORAZÓN, Y ES, HACIENDO ORACIÓN ! ÁNIMO, TENEMOS QUE SER FUERTES Y VALIENTE !

      1. Por algunos anos (1986-88);Dios me dio la oportunidad de poder estudiar en la «FACULTAD DE TEOLOGIA» lo que significo para mi una grata experiencia el poder recibir parte del conocimiento del Dr.Zone.En relacion a este hermoso articulo lleno del ingenio de un siervo del Senor Jesucristo,creo,que es algo significativo entender la gran bondad del Altisimo de proveernos de un pensamiento positivo que deberia de estimular nuestra muchas veces endeble fe en la provision,proteccion y cuidados de Dios al margen de la experiencia desastrosa de nuestro ambiente. Este teme nos inyecta animo y empodera nuestras convicciones de tiempos mejores.Bendiciones.

  2. El sentir de Luis Alberto es de todos. Su dolor y preocupación es la misma que nos atormenta. E visto en el rostro de tantos, por primera vez, el terror ¿Que si a mí? Aun la pregunta de una mujer extraña, ¿Sera el fin? Sin ella saber quién soy o a que me dedico, solo pánico y preocupación. Este es el nombre de nuestra nueva cultura—¡PANICO! Produce un numero de ansiedades y como dice Luis, sospechas. Por lo menos yo, hemos vivido más de 30 años escuchando el Salmo 23:3—aunque pase por el valle de la muerte… Todo valle tiene un fin, ninguna tormenta es perpetua y es en ese proceso que la segunda parte del verso 3 es realizado; no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento. La ausencia del temor, la confianza de su presencia y el sentir de su aliento es dentro del valle. No permitamos que el temor nos gane, no estamos solos pues Él es que nos da aliento. Dice Mateo 6:6 Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento… Yo entrare al mío e intercederé junto contigo, ánimo y mis mejores deseos.

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